El término «coeducación» es utilizado comúnmente para referirse a la educación conjunta de dos o más grupos de población netamente distintos: aun cuando ha sido a veces aplicado a la educación conjunta de grupos formados sobre la base de características de diversos tipos -clase social, etnia, etc.-, su uso habitual hace referencia a la educación conjunta de dos colectivos humanos específicos: los hombres y las mujeres. Esta es la acepción que será considerada en este trabajo.
La coeducación designa una cierta manera de entender la educación de niños y niñas: los partidarios y partidarias de ella han sido, en cada época, aquellas personas que creían que hombres y mujeres debían educarse conjuntamente y recibir igual educación. A lo largo del debate histórico que ha generado la conveniencia o no de la coeducación, otros términos han sido utilizados: así, a «escuela mixta» se ha opuesto «escuela separada», «escuela segregada» o, con otro matiz, «escuela paralela»; «coinstrucción» o «coenseñanza» sustituyen a veces al término «coeducación». Sea cual sea la palabra utilizada, el quid de la cuestión gira siempre en torno a la conveniencia de que los hombres y mujeres reciban una misma educación. Sin embargo, el concepto de «educación igual» no se mantiene de modo homogéneo en el tiempo, de manera que «coeducación» no ha designado exactamente el mismo modelo educativo en todas las etapas históricas.
La evolución del concepto de coeducación ha sido simultánea con el cambio de posiciones de las mujeres en la sociedad. Y, como este cambio, ha debido enfrentarse a opiniones contrarias, siendo, en muchos momentos, considerado inadecuado y aun ridículo. Por esta razón, y para comprender las diferencias de los contenidos que designa, es necesario hacer un breve recorrido histórico que permita situar las variaciones en los patrones socialmente aceptados relativos a la educación de las mujeres.
En efecto, aunque la coeducación supone modelos de enseñanza que afectan tanto a la educación de las niñas como a la de los niños, el debate que se establece sobre este término está especialmente relacionado con el concepto predominante en cada época sobre la forma adecuada de educar a las mujeres. Esta opción coeducativa supone en cada etapa una búsqueda mayor de igualdad, frente a otras opciones que propugnan el mantenimiento de las diferencias.
A partir de la década de los setenta, se han desarrollado en los países anglosajones diversas investigaciones teóricas y empíricas que han estudiado la desigualdad social por razón de sexo, y han proporcionado una nueva visión sobre el papel de la escuela y del sistema escolar en la formación de los estereotipos sexuales. En un momento en que el acceso de la mujer a todos los niveles de enseñanza ha hecho de la escuela mixta una realidad mayoritaria, hay que preguntarse si su implantación formal ha supuesto también la superación de los presupuestos que justificaban las diferencias educativas vigentes hasta una etapa histórica muy reciente, o si, contrariamente y bajo esta apariencia de igualdad, se continúa tratando a unos y otras de manera distinta, porque en el fondo no han cambiado las expectativas educativas en relación a la adopción de roles diferenciados según el sexo.
Objetivos para llevar a cabo la coeducación:
*Fomentar la construcción de relaciones más justas e igualitarias.
*Preparar a los niños y niñas de la forma más adecuada para su inserción en la vida de una forma funcional y activa, atendiendo a sus potencialidades personales.
*Conocer el sistema sexo-género como una construcción sociocultural para configurar la identidad masculina y femenina.
*Educar a los niños y a las niñas en la tolerancia, la corresponsabilidad y la solidaridad.
*Llegar a un tratamiento igualitario entre sexos de las mismas edades.
*Sensibilizarnos de la importancia de la coeducación, para conseguir unos modelos de relación no sexista.
*Observar, criticar y eliminar los comportamientos y pautas machistas estereotipados en todos los sectores de la comunidad educativa.
*Erradicar la violencia en todos sus ámbitos y especialmente la violencia de género adoptando normas de respeto a los demás
*Analizar reflexiva y críticamente el lenguaje, asumiendo otras alternativas para su uso evitando la desigualdad.
*Entender el sexismo como un problema de desigualdad social que tiene sus orígenes en las ideologías y en la estructura socio-económica.
*Conocer los obstáculos que impiden la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
*Favorecer e intervenir en la resolución de conflictos.
Gracias por tu aporte...me parece interesante la forma en que abordas la animación sociocultural como "... una aportación para el desarrollo integral de la persona dentro de un medio concreto. La cultura se entiende como algo vivo, en movimiento, no como una simple transmisión de tradiciones". Considero de gran importancia que los docentes asumamos el compromiso que conlleva el educar para transformar.
ResponderEliminarGracias Paty, así es, siento que cada vez más docentes estamos asumiendo ese reto de educar para transformar, y estamos entendiendo eso, que la educación no es simplemente un lugar para transmitir conocimientos sino también para transformar... Saludos
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